sábado, 5 de diciembre de 2015

José Luis Rodríguez se convirtió en un hombre más espiritual a fuerza de carencias, logros, defectos y virtudes.




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https://www.youtube.com/watch?v=1XL_wlRzIgg&feature=youtu.be




El "Puma" en una charla íntima


Trotamundos incansable, José Luis Rodríguez se convirtió en un hombre más espiritual a fuerza de carencias, logros, defectos y virtudes. La vida lo puso a prueba con una enfermedad que nunca lo amedrentó. Hoy, su gran sueño es ayudar a los otros a partir de sus vivencias

 

basta verlo entrar al estudio para sentir una rafaga de aire caribeño que impacta en pleno invierno porteño. José Luis Rodríguez jamás podría mimetizarse con los grises de la ciudad de orillas de plata. Imposible contener el destello colorido y alegre que carga en su ADN y ese porte de reminiscencias algo felinas, que remata con su legendaria cabellera salvaje, que es a la vez su vanidad y su marca registrada. "Es parte de la herencia indígena de mi mamá. Mucho pelo. Al principio no encontraba la forma de peinarme y cuando salió Elvis, me inspiró. Agua, champú, dedos y listo", resalta sin complejos. Hace cuatro meses que el cantante venezolano llegó a la Argentina para ser parte del jurado del reality musical Elegidos, la Música en tus Manos; y como siempre, apenas pisa nuestra tierra, se vuelve parte del paisaje.

DUEÑO DE NADA


"Desde muy pequeño tuve un sueño: me veía frente a una multitud. No sabía si era cantando o hablando, pero allí estaba, parado frente a ellos. Con el tiempo descubrí que era cantando. Fue viendo en el cine a Gardel, a Hugo del Carril, a Presley. Pasé de ser un fan a querer convertirme en uno de ellos y hacer mi sueño realidad", arranca el "Puma" con los recuerdos de una época donde soñar era gratis y también era el escape seguro de una realidad áspera y difícil.
¿Ser el menor de once hermanos siempre significaba estar al final de la fila?

Mi padre José Antonio Rodríguez era un semental. Mi madre tuvo doce embarazos, seis varones y seis mujeres, pero perdió a la primera. Fuimos una docena, uno tras otro, ¡ni la cuarentena respetaban! Eramos tantos que si había una montaña de queso rallado, cuando me tocaba a mí apenas quedaba una brizna. Yo era el más chico, el último de la fila, pero también el mimado de mamá.
¿Qué recuerda de su padre?

Falleció cuando yo tenía seis años. Me acuerdo vagamente de verlo tocar la guitarra, cantando. Pero también lo recuerdo tomando licor, demasiado. Eso fue lo que se lo llevó. Son imágenes frágiles, como de un sueño. El era un comerciante, tenía línea de taxis. Teníamos un pasar aceptable pero al morir él, aparecieron muchos acreedores que nos arrancaron lo poco que teníamos y nos quedamos en cero. La muerte de mi padre no sólo nos provocó un grave traspié económico, sino que también dispersó a la familia.
Su madre Ana, ¿se puso la familia al hombro?

Ella fue algo único para mí. A pesar de nuestra pobreza y de nuestras penas, me procuró siempre una infancia feliz. De pequeño andaba siempre con ella. No era una mujer culta, pero era una amante de la democracia y odiaba las injusticias. Por eso luchó contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y como escondió a varios líderes de la resistencia, un día tuvimos que emigrar junto con un hermano a Guyaquil, Ecuador, donde pasé parte de mi niñez. Cuando cayó el gobierno, yo tendría 12 años, regresamos a Venezuela. No teníamos plata ni casa. Le preguntaba por qué nos mudábamos tanto y ella me decía que era porque no teníamos para pagar la renta. Eramos muy humildes, pobres de verdad. Pero nunca hubo resentimientos, ni tristezas, sino una lucha constante para salir adelante.
¿Para salir adelante tuvo que hacer un poco de todo?

Sí. Trabajé en el mercado acarreando bolsas, lustré zapatos, limpié autos, de todo para hacer un poco de dinero. Mis hermanos y yo supimos lo que es no tener agua, andar con los zapatos rotos, tener apenas una muda de ropa. Me inscribí en la Escuela Técnica para ser electricista, pero era un desastre, ¡lo único que sabía era enchufar los aparatos y nada más! Afortunadamente, a los 17 años comencé a cantar profesionalmente y mi vida empezó a cambiar.


Con Celia Cruz, Julio Iglesias, Chayanne y Lola Flores.
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ALCANZAR LAS ESTRELLAS



En el bachillerato se unió a los Zappis, un quinteto al estilo de The Platters o los Cinco latinos, la primera muestra de que el canto era su vocación irrenunciable. "Duró apenas un año y medio porque uno de los chicos se fue a estudiar con una beca a los Estados Unidos. Se disolvió y tuve que empezar otra vez de cero", recuerda José Luis, que no bajó los brazos hasta que la oportunidad volvió a llamar a la puerta reemplazando a Felipe Pirela en la orquesta Billo’s Caracas Boys. "Estuve cinco años con ellos, canté en casi cuatrocientos cincuenta bailes viajando por toda Venezuela y Colombia". Después de la orquesta, vino la actuación. Dieciocho telenovelas y dos películas, que según él, "mejor olvidar". Un saltimbanqui artístico en un mercado tan pequeño, que supo ser un poco de todo: locutor, animador, actor, cantante…
Dijo que su padre cantaba, ¿la música era parte de la familia?

Todos cantábamos por herencia. Desde pequeño, mi madre cada vez que venía una visita me hacía montar un show. "Ven a cantar José Luis" y ahí salía un número en todas las reuniones familiares. La vocación te escoge a ti, uno no la escoge. He visto mucha gente que se ha equivocado buscando primero el dinero que la vocación. Mi vocación era cantar y tuve la suerte de descubrirla.
¿Cómo José Luis Rodríguez llegó a ser el "Puma"?

El "Puma" fue un personaje mágico creado para una telenovela. Tan fuerte fue que se tragó la historia y ahí me llegó el bautismo. Fue como ponerme la pelota frente al arco. Yo sólo tuve que patear. Estaba en el lugar indicado en el momento indicado y lo supe aprovechar.
¿Y cómo fue encontrarse con la fama?

Aprendí hace tiempo que las estrellas están en el cielo y que los seres humanos en la Tierra. Todos pasamos por el proceso de vanidad, de empalagarnos. Tienes treinta mil personas en un estadio que gritan tu nombre, que te idolatran. De repente te la crees, pero llega Dios con un alfilercito y te saca todo el aire. La vida es cíclica: te sube y te baja sin darte explicaciones.
¿De dónde surgió su mística y su enorme carga espiritual?}

Lo heredé de mi madre que era una mujer muy espiritual. Era analfabeta pero aprendió a leer de grande para poder entender la Biblia. Seguí su camino y fue lo que me ayudó a quitarme el ego de la fama. El cambio drástico fue a los 33 años, cuando gracias a ella salí de un cuarto oscuro. En el camino cometí tonterías, pero encontré mi Norte, mi brújula para salir adelante.

CARNE Y HUESO



José Luis es un hombre de pasiones profundas. Tuvo una relación entrañable con su madre, después llegó su primera mujer, la cantante Lila Morillo, con la que tuvo dos hijas, Lilibeth y Liliana, y una nieta, Galilea. Amores eternos que entraron en conflicto y hoy están algo alejados. Y luego, llegó para quedarse, el amor de su vida, Carolina. La rubia que le quitó el sueño hace casi tres décadas. Y Génesis, la hija de ambos, que a sus 25 años es actriz en Hollywod.
 
En su libro deslinda su alter ego artístico del hombre común. ¿Es fácil hacer esa transición cuando baja del escenario?

Es como si el tipo que hace de Superman se llevara la capa y todo para la casa. La mujer le diría: "Oye, Juan González, tú te entras, pero este Superman se queda patitas para afuera". Yo aprendí a hacer ese switch. Yo no soy el "Puma", soy José Luis Rodríguez.
¿Tuvo caídas en el camino?

Muchísimas. La vida es un péndulo: triunfo-fracaso, placer-dolor, alegría- tristeza. Pero si aceptas las dos partes por igual no hay pérdida. No tengo esa cosa que tienen algunos seres humanos que se derrumban con el fracaso o están eufóricos con un triunfo.
¿Nunca se deprimió?
Jamás en mi vida fui a un psicólogo. Nunca lo necesité. Converso mucho con mi ser interior. Me conozco bien.
¿Tiene muchos amigos?
Contados, te miento si digo muchos… son de toda la vida como mi querida Susana.

A PURA FUERZA



Hace 15 años le detectaron una fibrosis pulmonar, una enfermedad que dificulta la respiración y en su caso le fue limitando su potencia para cantar. Sin embargo, él no bajó los brazos y pese a los pronósticos, se siente más esperanzado que nunca y sigue llenando teatros.
¿Siente que su enfermedad lo condiciona?

En nada. No tengo una enfermedad, la tenía. Hoy y aquí declaro que estoy sano. Me asombro todos los días de mi recuperación, gracias a un tratamiento con células madres. Eso de terminal no va conmigo, porque siento que no he terminado, que me faltan algunas cosas por hacer.
¿En qué punto de su vida está?

¡En la etapa de mantenimiento! Tengo que cuidarme y guardar energías para recorrer lo que me queda y la gente que me queda por conocer y ayudar. Me encanta ver personas con futuro y darles consejos. Igual, tu ancla es tu familia. Tu esposa, tus padres… no tienes que apartarte nunca de ellos porque son los que siempre te querrán y te quieren de verdad. Los demás es gente por conocer, que no siempre te lleva por el buen camino.
Ha dicho que no es rencoroso, que prefiere olvidar…

Olvido lo malo inmediatamente. No me cargo de malas vibras. Soy un convencido de que las enfermedades tienen su origen en ese malestar interno que te queda rumiando cuando no se perdona. Yo tengo un dicho para los malos momentos o las ofensas: si no lo sueltas, lo cargas. Si lo cargas, te pesa. Si te pesa, te hundes. Hay que aflojar, aprender a soltar, para alivianar la carga. •.

1 comentario:

  1. ¿De dónde surgió su mística y su enorme carga espiritual?}

    Lo heredé de mi madre que era una mujer muy espiritual. Era analfabeta pero aprendió a leer de grande para poder entender la Biblia. Seguí su camino y fue lo que me ayudó a quitarme el ego de la fama. El cambio drástico fue a los 33 años, cuando gracias a ella salí de un cuarto oscuro. En el camino cometí tonterías, pero encontré mi Norte, mi brújula para salir adelante.

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