martes, 17 de noviembre de 2015

este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí

SI NO TENGO AMOR.....DE NADA ME SIRVE

De nuevo nos encontramos en el Evangelio de hoy (Marcos 7,1-8.14-15.21-23) una nueva diatriba entre el Señor y los fariseos, esta vez a cuento de la pureza ritual "¿Por qué tus discípulos comen con las manos impuras?", muchos de tales formalismos, además, es que los vienen cumpliendo sin saber por qué, arrastrando la losa de la costumbre, la tradición y los mayores "no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados", y el Señor les responde que no se trata tanto de formalismos y ritualismos vacío de contenido, demoledora la frase "este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí", sino de la intención con que hagamos las cosas "es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones".


Al respecto de la intencionalidad con que hacemos las cosas, de las motivaciones profundas "del corazón" que nos mueven a hacer lo que hacemos, vale tanto para lo malo (en el Evangelio de hoy la afirmación está en negativo porque es una respuesta a los fariseos) como para lo bueno, que también podríamos enunciarlo en positivo "es del interior, del corazón de los hombres, donde nacen también las buenas intenciones", y al fin y al cabo esto es lo que vale "las motivaciones de nuestro corazón". Me recuerda la frase pronunciada por aquel Papa de la antigüedad, del que nunca me acuerdo el nombre, que sintiéndose morir, mandó llevar su cama al altar de San PEDRO, reunió a los cardenales, y desde allí les dijo "Muchas tempestades han agitado esta sede, pero me conforta saber que el Señor mira más la intención del corazón, que los resultados", a este respecto ya sabemos las palabras de San PABLO cuando nos dice que absolutamente nada de lo que hagamos, así fueran los milagros más grandes, vale nada, si no es con amor: "Aunque hable todas las lenguas humanas y angélicas, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo estruendoso. Aunque posea el don de profecía y conozca los misterios todos y la ciencia entera, aunque tenga una fe como para mover montañas, si no tengo amor, no soy nada" (1 Corintios 13,1-2).

Podría, como es mi costumbre, comentaros el Evangelio de hoy con alguna lectura desacostumbrada, con alguna interpretación original, con alguna ocurrencia de las mías, sin embargo, no lo haré, quiero que pensemos, por ejemplo en MAXIMILIANO KOLBE, todos sabemos su vida, capuchino, fundador de la ciudad de MARÍA, lugar de trabajo de gran cantidad de jóvenes, editor de un periódico, excelente propagandista, fundador de la LEGIÓN DE MARÍA, que murió en el campo de concentración de AUSCHWITZ al ofrecer su vida a cambio de la de un preso, padre de familia, que los nazis querían ejecutar en escarmiento por la fuga de otro preso... ¿Cabe mayor vida de entrega y servicio hasta el final? ¿No es acaso su muerte martirial un hecho asombroso de su vida? pues bien, él también sabía, como el Evangelio de hoy, como San PABLO, que sin una motivación interior, nada de lo demás importa, como se trasluce de estas palabra suyas, al Evangelio de hoy, tomadas de un escrito suyo titulado "Conversaciones Espirituales Inéditas":

La vida interior es primordial... La vida activa es la consecuencia de la vida interior y no tiene valor más que si depende de ella. Quisiéramos hacerlo todo lo mejor posible, con perfección. Pero si no está ligada a la vida interior no sirve para nada. Todo el valor de nuestra vida y de nuestra actividad depende de la vida interior, la vida del amor de Dios y de la Virgen Maria, la Inmaculada, no son teorías ni dulzuras, sino la práctica de un amor que consiste en la unión de nuestra voluntad a la voluntad de la Inmaculada. Ante todo y por encima de todo, debemos profundizar en la vida interior. Si se trata verdaderamente de la vida espiritual, son necesarios los medios sobrenaturales. La oración, la oración y solamente la oración es necesaria para mantener la vida interior y su desarrollo; es necesario el recogimiento interior. No estemos inquietos por las cosas sin necesidad, sino que, suavemente y en la paz, procuremos guardar el recogimiento del espíritu y estar disponibles a la gracia de Dios. Es para eso que nos ayuda el silencio.

Hoy es un buen día para que nos interroguemos acerca de las motivaciones de nuestros actos, para que en todo lo que hagamos, por bueno que sea, siempre hagamos previamente una purificación y presentación al Señor de nuestras intenciones, sirve la fórmula antigua, que decía el catecismo antiguo, de que a la hora de actuar, sea lo que fuere, en cualquier circunstancia nos interrogáramos mentalmente diciendo ¿que haría el Señor en esta situación? y obráramos en consecuencia, obrando de esta manera segura que nunca nos equivocamos. Os comparto una anécdota, en mis tiempos de secundaria, concretamente en 2º de BUP, cuando se empieza a estudiar latín -siempre se me han dado bien los idiomas ¡aunque sean muertos!- escribía un diario (¡siempre ando escribiendo algo, la de libretas que habré emborronado, escrito, roto, vuelto a escribir, prestado, vuelto a rellenar....!) y descubrí con gozo que la mejor forma de que mis hermanos no lo cotillearan, ni se enteraran de lo que él ponía, era precisamente ¡escribirlo en latín!, de aquellos tiempos sólo me acuerdo de una oración que decía entonces, y sigo diciendo, a lo largo del día, cada vez que me acuerdo, la oración es la siguiente: "Señor, no soy digno de servirte en mis hermanos, pobre garante y auxilio soy para ellos, si mi oración y mi trabajo son insuficientes", esa es la actitud que creo deberíamos tener, y por cierto, es verdad, en latín todo suena más solemne, para los que se atrevan: "Dómine, non sum dignus serviendi te in frátribus méis, paúperum pignus et auxilium eis sum, si deprecatio laborque meae imbecillae sunt".

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