"Y no he perdido a ninguno de los que me diste"
A veces se cumplen las profecías...
Hay un refranillo humorístico, de esos que me gustan tanto, que dice de esta manera "Si dices que hablas con Dios, estás orando; pero si dices que Dios te responde, es que estás loco"... por supuesto que no comparto esta opinión, estoy firmemente convencido de que dios nos sigue hablando hoy, puede que no sea en plan "alto y claro" pero hay muchas formas de afinar el oído para ver lo que nos dice (algunas de ellas ya las comenté en la serie de artículos DIOS SIGUE HABLANDO CON SU PUEBLO, seguid el enlace el que quiera profundizar en el tema), pero, sin duda alguna, la sede de este diálogo con Dios seguirá siendo la oración personal.
Mi oración personal es un poco caótica, será que depende de mi estado de ánimo, tengo etapas de más alegría, de más canturrear, de más alabar y dar gracias... otras veces soy intercesor, todo me duele, por todo quiero pedir, todo lo quiero abarcar (más o menos como me siento ahora con este asunto de nuestros hermanos perseguidos en ORIENTE MEDIO, que no he sentido este dolor interno, esta desazón y esta desesperanza, en toda mi vida desde los acontecimientos de RUANDA o la PLAZA DE TIANNAMEN, que yo recuerde), otras veces soy más litúrgico y mi oración personal cede a fórmulas y oraciones establecidas, porque estoy más seco y árido en lo personal.
A veces, en la oración, "siento algo", como una especie de sentimiento, intuición, una especie de percepción amorfa (no se me ocurre otra forma de expresarlo) en la que pareciera que el Señor quiere decirme algo, pero que se me queda en una especie de "no se qué"... en esos casos intento, de alguna forma, ponerlo por escrito intentando poner palabras a ese meollo de sentimientos, o a esa serie de imágenes inconexas que percibo, evidentemente al desconocer lo que estoy haciendo sólo pretendo dar coherencia gramatical a una serie de vocablos que pobremente expresan todo lo que siento (por eso no son piezas maestras de la mística), pero al menos me sirven para que "el mensaje no se pierda" si es que, de verdad, Dios se ha molestado en quererme decir algo.
Una de estas oraciones (o intuiciones vestidas de palabras) es la siguiente, que ayer tuve que buscar (en mi cuadernillo de oración personal) al hilo de algo que leí:
El Señor se muestra de una blancura tal
como la de su santo pueblo,
con sus consejeros alrededor,
y sus profetas en el centro.
Uno de ellos -preocupado- pregunta:
"¿Qué será de nuestros hijos?"
Y el Señor responde desde su trono:
"Yo haré del Carmelo, oráculo para Jerusalén,
que mis hijos no se encuentren entre los reyes
de este mundo, y los que ya están...
¡Sacadlos de ahí antes de que se corrompan!"
No tengo idea de la fecha exacta de este texto, sí puedo fecharlo en el año 2009 (que es la fecha que tiene la oración que le precede en el cuadernillo), ya que pocas veces pongo fecha a este tipo de oraciones, salvo que la fecha sea en sí misma, por su significado, algo que me parezca forma parte del mensaje... Y ahí queda, escrito, hasta que el Señor tenga a bien darme criterios de discernimiento...
Pues bien... ¡Grande es el Señor, que hace que se cumplan sus profecías! Seguramente no habría hecho falta que pasara por tanto dolor si tuviera a bien darme las claves interpretativas "antes de meter la pata" no "a toro pasado", aunque también es verdad que "a toro pasado" es cuando el discernimiento se hace mejor, o éste resulta más evidente.
He abandonado la Cofradía a la que he pertenecido desde hace cuatro años, con gran dolor, porque he entendido que -en modo alguno- mi fe puede padecer por una categoría de "hermanos" (valgan mucho las comillas) que sólo miran por su interés y medrar puestos en su seno, en vez de servir... por una categoría de "hermanos" capaz de reír, hablar, incordiar, señalar con el dedo y hacer burla de los que comulgan, en la celebración de la Eucaristía, pese a que somos y nos llamamos "sacramentales"... por una categoría de "hermanos" más preocupados porque "el manto de la Virgen no llega" (patrimonio material) que por "ver quien se hace cargo de una niña durante la espera en el templo" (es decir, su patrimonio personal, su tesoro más grande, nunca visto, y siempre vilipendiado)... Al final he decidido que mi fe, la poca que me quede, aunque siga rezando muchas veces en mi oración personal "Señor ¡Auméntanos la fe!" -como los discípulos en la tormenta- vale mucho más que sus "palos de madera y las telas de sus vírgenes"...
Evidentemente, no ha sido una decisión fácil, ha sido doloroso, por alguna de la gente que dejo allí (¡Dios los proteja y ampare en su fe!) y por la ilusión de salir en la "estación de penitencia" (algo absolutamente válido para mí, que nunca lo he hecho ni cara a la galería, ni por ellos, ni por la Cofradía, sino por el hecho de estar seis horas callado, en silencio, lo que, en mí, ya es todo un logro, creedlo)... El caso es que, para consolarme un poco, se me ocurre anoche buscar en el evangelio la escena precisamente que representa mi ex-hermandad, curiosamente lo hago en el Evangelio de Juan (cosa rara en mí, ya para empezar, que soy "mateano" hasta la médula), y hete aquí me encuentro el siguiente texto (Juan 18,1-9):
Dicho esto, salió Jesús con los discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto; allá entró él con sus discípulos. Judas, el traidor, conocía el lugar, porque Jesús muchas veces se había reunido allí con sus discípulos. Así pues, Judas tomó un destacamento y algunos criados de los sumos sacerdotes y los fariseos, y se dirigió allá con antorchas, linternas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que le iba a pasar, se adelantó y les dijo: "¿A quién buscáis?" Le respondieron: "A Jesús, el Nazareno". Les dice: "Yo soy". También Judas, el traidor, estaba con ellos. Cuando les dijo: "Yo soy" retrocedieron y cayeron al suelo. Les preguntó de nuevo: "¿A quién buscáis?" Le respondieron: "A Jesús, el Nazareno". Contestó Jesús: "Ya os he dicho que Yo soy, pero, si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos". Así se cumplió lo que había dicho: "No he perdido ninguno de los que me has confiado".
Evidentemente, volviendo al discernimiento de mi primera oración, no cabe duda de que "el Señor se muestra de una blancura tal como la de su santo pueblo" (y yo que siempre he creído que esta referencia era sobre la Transfiguración, mira tú que estaba equivocado) y poniéndolo con el texto del Evangelio, innegable cuando con toda solemnidad afirma "Yo soy, el Nazareno" y todos, en reconocimiento de esa soberanía, "caen por tierra"; y mira, que sí, que puede que el Señor comparta mis cuitas, mis dolores y mi desgarro por la falta de fe de las Cofradías, todo sobre lo que yo tanto me he devanado la cabeza estos días "uno de ellos, preocupado -pregunta- ¿qué será de la suerte de nuestros hijos?", que no en vano en el texto del Evangelio el Señor manifiesta la misma preocupación "dejad marchar a éstos", que se da la mano con la respuesta del Señor en mi oración personal "¡sacadlos de allí!", es decir, no le des más vueltas, abandona ya la cofradía "antes de que te corrompas", esto es, esa fe preciosa pagada a precio de mi sangre que no quieres perder, y así se cumplirá la escritura "no he perdido a ninguno de los que me diste"... Los únicos elementos que me "descuadraban" y que no lograba entender, pese a la claridad de los términos, eran "Carmelo" y "Jerusalén" y hoy, regresando del trabajo, aún maravillado por esta especie de "profecía cumplida" y dándole vueltas aún, es que lo he entendido, el momento de la decisión definitiva de no salir, Sábado 28 de Marzo... ¡Claro, el cumpleaños de Santa Teresa! ¡He ahí la referencia carmelitana! y encima, en casa, tropecé con un candelabro al que le pusimos la piedrecita del Muro de las Lamentaciones de nuestro viaje a Tierra Santa y ésta se cayó al suelo, completamente destrozada, lo mismo que el corazón por el hecho de dejar la cofradía... ¡No es maravilloso, no adquiere ahora fuerza la expresión "Yo haré del Carmelo oráculo de Jerusalén"!, es decir, en la fecha de Santa Teresa te haré retornar a un culto verdadero, no de piedras muertas (en este caso de maderos y telas), como le pasó a los judíos con la destrucción de la ciudad....




¡No es maravilloso, no adquiere ahora fuerza la expresión "Yo haré del Carmelo oráculo de Jerusalén"!, es decir, en la fecha de Santa Teresa te haré retornar a un culto verdadero, no de piedras muertas (en este caso de maderos y telas), como le pasó a los judíos con la destrucción de la ciudad....
ResponderEliminar