NOVICIADO Y ADMISIÓN:
Nadie se asuste. No intento segar en las tierras de otro. Para entrar en mi orden, no hace falta «salirse» de las ya existentes, es más, es indispensable permanecer donde se está (entre otras razones, porque no tenemos aún una casa madre o fundacional, y donde ahora mismo vivo, en la periferia, puede asustar a muchos, además la tenemos llena de trastos y ¡encima con dos perros!) Os lo suplico. Cada uno en su puesto. Ningún cambio exterior. El Superior General será como el hermano portero; el ecónomo será como el maestro de música; el hermano cocinero será como el maestro de novicios. ¡Ay de quien se mueva! La pertenencia a esta Orden es «en espíritu y ... en insatisfacción».
Por tanto: ¡Ay de los satisfechos! ¡Ay de quien está contento de lo que es, de lo que hace, de lo que ha conseguido!... (Cfr. Lucas 6,25).
TÍTULO y RAZÓN DE SER:
LA ORDEN DE LOS INSATISFECHOS, ha sido fundada hoy, con el fin preciso de reclutar a quienes admitan haber provocado y provocar daños en el mundo, en la iglesia, en la vida religiosa, en el resto de los hombres y mujeres, sus hermanos, y, por supuesto, en sus propias vidas. Con la certeza absoluta de que su admisión tendrá la virtud de dar un empujón a los varios mecanismos que tienen la pésima costumbre de bloquearse.
LEMA:
El lema de la Orden, por una vez y sin que sirva de precedente, no será tomada de alguna frase o cita célebre del fundador, o de un renglón piadoso de sus escritos espirituales, nos conformaremos con tomar por referencia el propio Evangelio, que para eso lo tenemos:
«¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!» (Lc 6, 25).
Como de todo tiene que haber en la viña del Señor, por si alguno lo quiere en latín, porque de esta manera cree que el lema fundacional tiene más empaque, ahí va:
"Vae vobis, qui saturati estis nunc, quia esurietis!" (Lc 6,25)
SANTO PATRÓN:
Los conocidos, y los que permanecen en el anonimato.
Sí, porque ¿qué clase de santos serían si, en un momento dado, se dieran cuenta de que lo son, declarándose así satisfechos de los resultados obtenidos?
En el mismo instante en que hubieran dejado de luchar, porque la aureola estaba ya al alcance de la mano, se habrían quedado en pobres hombres como nosotros...
OBLIGACIONES INHERENTES A TODOS LOS HERMANOS:
Para no resultar agobiantes en esta santa casa sólo hay una obligación, que se extiende por igual a todos los hermanos de la Orden, sin excepción:
"Estar descontento de uno mismo".
"Estar descontento de uno mismo".
Esta obligación tiene una manifestación a la inversa, en negativo, si se prefiere, que es la siguiente:
"Queda prohibido terminantemente que cualquier hermano se manifieste estar descontento de los demás".
"Queda prohibido terminantemente que cualquier hermano se manifieste estar descontento de los demás".
REGIMEN DISCIPLINARIO:
Solamente hay dos faltas, muy graves, gravísimas, intolerables, que conllevan la inmediata expulsión de la Orden:
1.- Cuando cualquiera de los hermanos manifieste la opinión de que "yo ya he hecho demasiado; no puedo hacer nada, he hecho todo lo que tenía que hacer". O expresiones similares.
2.- Cuando cualquier hermano atribuya a otras personas, o a otras circunstancias externas, la culpa o la fuente de la propia insatisfacción profunda.
PENITENCIAS:
Habrá que hacer penitencia, digo yo, lo suyo sería hacerlo en Cuaresma, o Adviento, pero como somos tan insatisfechos, vamos a establecer que estas penitencias se realicen durante la totalidad del año litúrgico:
Como penitencia cada hermano debe diariamente "medir escrupulosamente la distancia que le separa de las exigencias de Dios y de las exigencias de los hermanos".
PRÁCTICAS DE PIEDAD Y DE HUMILDAD:
Cada hermano deberá examinar minuciosamente un incidente desagradable ocurrido en comunidad, o durante el día, en su trabajo, en su familia, en sus circunstancias, o cualquier otra cosa que le parezca que no vaya bien, y dándose un golpe de pecho, cuanto más exagerado, teatral, y fariseo, mejor y exclamar solemnemente: «¡Es culpa mía!».
También se aconseja, a modo de Ejercicios Espirituales, ojear las páginas de un periódico, encontrar un hecho o cualquier noticia que te disguste mucho, y reconocer, de la misma manera: «Esto es también culpa mía».
Examen de conciencia a la inversa matinal: Cada día, a poder ser por la mañana, imaginar cómo andaría el mundo, cómo funcionaría mi comunidad, como avanzaría mi familia, como sería excelente mi empresa o mi trabajo, si yo pusiera de mi parte todo lo que debo... Después intentar imaginar lo más aproximadamente posible, cuál sería mi alegría —y cuánta me quedaría para los demás— si fuese de verdad lo que todo ello debería ser...
ADVOCACIÓN MARIANA:
Que todas las órdenes que se precien tienen una advocación mariana, es el amor a nuestra Madre que profesamos todos los cristianos: Ahí tenéis a los franciscanos con Nuestra Señora de los Ángeles, los salesianos con María Auxiliadora, los trinitarios venerando a Nuestra Señora de Gracia, o los mercedarios, que toman el nombre de Nuestra Señora de la Merced, y nosotros, claro, insatisfechos, no nos vamos a conformar con menos.
La advocación mariana bajo la que se amparan los hijos e hijas de esta Orden es NUESTRA SEÑORA DEL PASMO (existe verdaderamente esta advocación, buscadla si no me creéis). El pasmo, seguramente lo habrás entendido, es el propio descontento e insatisfacción que padeces, esa sensación, que te ahoga, sobre todo por la tarde, cuando termina la jornada. Pues bien, ponte bajo la protección de la Señora.
Que te guarde esa desazón, ese pasmo, esa sorpresa de descubrir continuamente que "nada eres y nada has hecho" como un precioso tesoro, y que no permita que te falte nunca. Porque esta desazón revela que hay algo en tu derredor que no funciona. El día en que no advirtieras ya los síntomas de esta desazón, este pasmo, esta insatisfacción, estarías desahuciado...
PARA VENCER LAS TENTACIONES:
Si alguna vez te asalta violentamente una tentación de complacencia en ti mismo, de la observancia de los deberes religiosos, del trabajo bien hecho, del aplauso y de la galería, ve corriendo a tu cuarto, a lo secreto, y abre el Evangelio por el «Sermón de la Montaña». Párate en cualquiera de esas exigencias increíbles que hace Cristo. Intenta valorar su amplitud, sus consecuencias. Y después intenta repetir en voz alta:
«Señor, todo eso yo ya lo he cumplido».
Repítelo cada vez más alto, para que te oigan también los demás, que se asomen asombrados a tu cuarto si es preciso, llama la atención de todos, cuantos más, mejor, y mantente en esta actitud hasta que suceda una de estas dos cosas:
O que desaparezca la tentación —lo cual sucede casi siempre, te lo puedo asegurar por propia experiencia— porque te des cuenta de cuán falso te escuchas a ti mismo proclamando en voz alta que has sido capaz de satisfacer todas las exigencias del Reino de Dios, contenidas en el Sermón de la Montaña;
o, por el contrario, puede que desaparezcas tú mismo (en este caso, no te asustes, que el resto de los hermanos iremos raudos y veloces a buscarte en alguna hornacina, quizás consigamos del VATICANO el don de que te nombren "santo en vida").
Hasta aquí llegan los ESTATUTOS DE LA ORDEN DE LOS INSATISFECHOS, pero ya que me he puesto en mi papel de Padre Fundador, dejad, al menos, que me dé el gustazo de escribir mi primera CARTA CIRCULAR A TODOS LOS HERMANOS:
Queridos hermanos:
Que el Dios de la insatisfacción nos bendiga a todos y nos conserve siempre en el descontento de nosotros mismos, para que él pueda estar contento de nosotros y el mundo no se decepcione demasiado por nuestro pobre testimonio.
Hermanos: Hay un momento, en nuestra jornada, en que renovamos nuestra pertenencia a la orden de los insatisfechos. Y quisiera subrayar, en esta mi primera toma de contacto con vosotros, la importancia de este acto litúrgico: Al principio de la celebración de la Eucaristía, diariamente, nos reconocemos pecadores y nos damos golpes de pecho, con convicción, diciendo: "por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa..."
Ese gesto y esas palabras son los signos característicos de la pertenencia a nuestra Orden. Y hay que practicarlos no como un rito formalista, sino como un acto preciso de acusación lanzado contra nosotros con nuestras propias palabras.
Es decir "todo esto es culpa mía, pero bien mía":
- Si las cosas en el mundo no van bien
- Si en la Iglesia no se da siempre la necesaria correspondencia entre palabras y obras
- Si en la comunidad no se realiza aquella «comunión de personas» que constituye su razón de ser.
- Si en mi familia descubro que no se avanza en valores cristianos.
- Si en mi empresa, o en mi trabajo, no hay unos auténticos valores de justicia y orden social.
"Pues por todo ello me reconozco culpable":
- del egoísmo
- de la violencia
- de la inconsecuencia
- de la intolerancia
- de la indiferencia
- de un evangelio disminuido
- de un cristianismo vocinglero
- de un testimonio religioso insignificante.
Hermanos, pero hagamos lo anterior de manera que en el mundo entero se oiga el retumbar de los golpes descargados sobre nuestro pecho. Sea un estruendo que despierte nuestra conciencia, que tiene peligro de adormecerse.
Este estruendo avisará a Dios de que existen, al menos, un grupo de personas en el mundo que tienen el coraje de tomarse las responsabilidades de los estropicios hechos sobre la tierra, sin descargarlos sobre los demás, sino sintiéndose responsables de ellos.
Y Dios, cuando oiga aquel ruido, os aseguro que volverá a sonreír como el primer día de la creación, cuando aún nadie había originado los desastres, los que después sucederían y los que siguen sucediendo... Al fin podrá sonreír porque habrá encontrado a alguien dispuesto a pagar personalmente sin pasar la «pelota» a otros presuntos culpables. Dios volverá a sonreír porque esto es principio seguro de algo bueno...
En señal de esta común complicidad, os saluda de corazón vuestro hermano, que quiere ser el primero de los insatisfechos, y que tiene todos los motivos para serlo.
Y con la preocupación de que Cristo esté siempre con nosotros.
- - - O - - -
Evidentemente, este texto no es mío, está tomado del libro "LA SEDUCCIÓN DE DIOS", del autor ALESSANDRO PRONZATO, sobre una serie de charlas y meditaciones de Adviento dirigidas, precisamente, a la Vida Religiosa, de Ediciones Sígueme, año 1973, páginas 146-151.








Este estruendo avisará a Dios de que existen, al menos, un grupo de personas en el mundo que tienen el coraje de tomarse las responsabilidades de los estropicios hechos sobre la tierra, sin descargarlos sobre los demás, sino sintiéndose responsables de ellos.
ResponderEliminarY Dios, cuando oiga aquel ruido, os aseguro que volverá a sonreír como el primer día de la creación, cuando aún nadie había originado los desastres, los que después sucederían y los que siguen sucediendo... Al fin podrá sonreír porque habrá encontrado a alguien dispuesto a pagar personalmente sin pasar la «pelota» a otros presuntos culpables. Dios volverá a sonreír porque esto es principio seguro de algo bueno...