martes, 17 de noviembre de 2015

no recibiréis más señal que la de Jonás

ANTE NUESTRA INCREDULIDAD Y FE SUPERFICIAL
¡NÍNIVE y ETIOPÍA NOS INTERPELAN!


Piden los incrédulos al Señor una señal en el Evangelio de hoy (Mateo 12,38-42) y responde el Señor con su críptico "no recibiréis más señal que la de Jonás" refiriéndose, de forma velada, a su propia resurrección, estableciendo un paralelismo entre los "tres días y tres noches de Jonás en el vientre de la ballena" (Jonás 2,1) y "los tres días con sus noches que pasará el hijo del hombre en el seno de la tierra" (Mateo 12,40), pero es que, aún más, dirige unas palabras durísimas a los incrédulos:

Durante el juicio se alzarán los habitantes de Nínive contra esta generación y la condenarán porque ellos se arrepintieron por la predicación de Jonás, y aquí hay alguien mayor que Jonás.

La reina del sur se alzará en el juicio contra esta generación y la condenará, porque ella vino del extremo de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien mayor que Salomón.

Pone el Señor dos ejemplos de creyentes, que habrán de juzgar a estos incrédulos, por una parte los habitantes de la ciudad de Nínive (convertida por la predicación del profeta JONÁS), y a la "reina del sur" en clara alusión a la Reina de SABA, que fue desde su reino (se cree que la actual ETIOPÍA) hasta JERUSALÉN para conocer la sabiduría y el fasto de la corte de SALOMÓN, y que según la tradición regresó convertida, no en vano, una de las comunidades judías más antiguas, fuera de ISRAEL, es precisamente la etíope, y posteriormente, uno de los enclaves cristianos más antiguos, por el sedimento judío que previamente tenía, lo que rastrea los orígenes de la Iglesia copta etíope.

Y sin embargo, pese a que la incredulidad sea la misma, en nuestro caso, para según qué cosas, que a todos nos gusta "seguir al Señor sin complicaciones", "orar lo justo y que se nos oiga", "ver milagros, sobretodo cuando son para nosotros", es duro reconocer que estas dos comunidades antiquísimas sean precisamente, las que con su coherencia y firmeza en la fe, sean las que -en efecto- nos interrogan acerca de nuestras incoherencias de la forma más dolorosa, con el derramamiento de su sangre, con el testimonio conmovedor del martirio. 

Consideramos un fastidio implicarnos en la vida pública y dar testimonio en ella de nuestra fe, acaso vamos a misa los domingos, puede que hasta temprano "para quitarnos el compromiso pronto de encima", dejamos la educación moral y religiosa de nuestros hijos con desgana en sus profesores y catequistas, y celebramos los sacramentos muchas veces pensando "en lo bonito que quedarán las fotos en la iglesia tal, o el monasterio cual" más que en vivir comprometidamente la fe. 

Y mientras, NÍNIVE, o lo que quedaba de ella, hasta nuestros días, lo que se salvó de la ira del Señor, por la predicación de JONÁS, ha desaparecido ya, arrasada por los integristas islámicos del ISIS, que hasta han destruído la tumba del profeta JONÁS (y eso que para el Corán, JONÁS es otro gran profeta) "Luego lo enviamos a un pueblo de más de cien mil personas; y todos creyeron, y por ello los dejamos disfrutar de la vida hasta que la muerte le llegó”. (Corán 37, 139-148).
 
Todos nuestros hermanos de la llanura de NÍNIVE han desaparecido ya, o han sido asesinados, o han sido hechos prisioneros, o han emigrado hacia campamentos de refugiados y lugares más seguros, pero lo han hecho por su fe, derramando la sangre o sufriendo por ella... Nada que ver con nuestro compromiso cristiano occidental, del todo facilón y superficial.

Lo mismo podemos decir de los herederos de la "Reina del Sur", la actual comunidad eclesial copta, en su doble vertiente egipcia y etíope, que está siendo masacrada, amenazada, hostigada de la misma manera, vayan por delante las veintiuna vidas de cristianos coptos segadas en las costas de LIBIA, y ante el llamamiento desesperado de otra de las comunidades cristinas más antigua del planeta, mientras que pareciera, pasmosamente, como todo occidente mira para otro lado, como se extiende el silencio cómplice, por miedo a ser señalado, o "convertirse en los siguientes", hasta que sea demasiado tarde, como ya advirtió en su día el Arzobispo de MOSUL, en IRAK "Llegará el día en que por vuestra pasividad tendréis al enemigo en vuestras puertas".

Desgraciadamente, podemos afirmar que la profecía del Señor se ha hecho realidad en nuestros días, estamos siendo interrogados, interpelados, en la comodidad simplona de nuestra vivencia de la fe, tanto por los ninivitas como por los habitantes del reino del sur.... 

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