martes, 17 de noviembre de 2015

Ven, Espíritu Santo

"Ven, Espíritu Santo, Misericordia alada"


Bendito seas, Señor, Dios nuestro, Rey del Universo,
que nos has santificado dándonos el tiempo de gracia del Omer.
Hoy faltan veintisiete días para que tu Santo Espíritu,
Misericordia alada, nos unja.
Bendito seas, Señor, Dios nuestro, Rey del Universo
que nos has dado a tu hijo, Jesús, nuestro Mesías, como Luz del Mundo,
Buen Pastor que conoce a sus ovejas y ellas le conocen a él;
buen Cristo resucitado de entre los muertos que ya no muere más;
la muerte no tiene dominio sobre él,
buen Jesús puesto en medio de nosotros sus discípulos que nos dice:
‘Paz a vosotros’. ¡Aleluya! (Jn 10,14; Rom 6,9; Jn 20,19)
Espíritu Santo: ¡Lávanos! ¡Santifícanos! ¡Purifícanos!
¡Deifícanos! ¡Inúndanos! ¡Báñanos! ¡Cúranos!
¡Embellécenos con tus preciosos dones!
¡El mundo necesita de un nuevo Pentecostés!
¡El mundo necesita de una deslumbrante manifestación de tu grandeza!
¡Renueva a toda la Iglesia! ¡Ábrela a la gracia y a la misericordia!
¡Efusiónanos y avívanos de nuevo!
¡Haz llover sobre nosotros y la Iglesia una lluvia de dones y carismas!
¡Llévanos a la Estancia Superior!

AMÉN

- - - O - - -

Tenemos toda esta cincuentena pascual para invocar, en tensa espera, en oración, en torno a MARÍA, la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Y hoy, precisamente, al hilo de las palabras de Cristo en el Evangelio de hoy cuando afirma "Yo soy la puerta de las ovejas" (Juan 10,1-10) quiero aprovechar para presentaros la figura de un gran carismático, un hombre verdaderamente ungido por el Espíritu Santo y engalanado con sus dones, me refiero a San SIMEÓN, llamado con el sobrenombre de "el nuevo teólogo".
San SIMEÓN el Nuevo Teólogo (949–1022) es el último de los tres santos de la Iglesia Ortodoxa al que se dio el título de teólogo de ahí que también recibiera el adjetivo de «Nuevo». Nacido en GALACIA, su padre le preparó una educación en CONSTANTINOPLA en la vida oficial. Fue más tarde asignado como cortesano para atender al emperador BASILIO. Abandonó su vida como cortesano para retirarse a un monasterio a la edad de 27 años bajo la dirección espiritual de SIMEÓN el Pío en el Monasterio de STUDION. Más tarde se convirtió en abad del monasterio de San MAMÉS en CONSTANTINOPLA.

La estricta disciplina monástica que pretendía SIMEÓN dolió a algunos en el monasterio. Un día, después de la liturgia algunos de los monjes le atacaron y casi le mataron. Después fueron expulsados del monasterio y SIMEÓN pidió que se los tratara con lenidad.
 
También de las autoridades eclesiásticas SIMEÓN padeció una severa oposición que encontraba sus obras suficientemente fastidiosas para excluirle de CONSTANTINOPLA. Así que abandonó la ciudad y residió en el monasterio de Santa MAKRINA cruzando el BÓSFORO. Con el tiempo se hizo ermitaño.
Para él es muy importante que los creyentes con su bautismo reciban una auténtica efusión del Espíritu Santo, pero no en el plano teórico, sino en la realidad de sus vidas, por eso escribe "no concibo que haya nadie que diga que no ha experimentado nada en su bautismo, y que viven como si la totalidad de las gracias y dones del Espíritu Santo, fueran un tesoro desconocido para ellos" y precisamente, comenta este texto del Evangelio de hoy de la siguiente manera:
"La puerta es Cristo. "Yo soy la puerta" dice (Jn 10,7.9) pero la llave de esta puerta es el Espíritu Santo (...) porque claramente dice el Señor que "la puerta debe ser abierta" (cfr Jn 10,3), por lo que, si la puerta no se abre, nadie puede acceder a la Casa del Padre, como también lo dijera el Señor "nadie va al padre sino por mí" (Jn 14,6) Por eso, aunque seamos bautizados, aunque seamos ovejas del Señor, es preciso que el Espíritu Santo abra la puerta"
Sobre esta importancia de vivir carismáticamente, por medio del Espíritu Santo, desde el bautismo, insiste de nuevo en otro de sus textos diciendo: 
"En efecto, si llamamos llave al Espíritu Santo, es porque tenemos nuestro entendimiento esclarecido por el mismo Espíritu, y purificados, somos iluminados con el don de conocimiento, y somos bautizados de lo alto (Jn 3,3.5) y así somos hechos verdaderos hijos de Dios, pues dice San PABLO "el Espíritu Santo intercede por nosotros ante el Padre con gemidos inefables" (Rom 8,26), derramando sobre nosotros su Espíritu que nos hace decir, con plena confianza "Abba, padre" (cfr Gal 4,6), por consiguiente el Espíritu Santo es la llave de la puerta, que es Cristo, que nos conduce a la luz"
Evidentemente, al hablar del Espíritu Santo como llave, surge el problema de interrogarse a quién corresponde el poder de las llaves, conferido por el Señor a PEDRO y sus sucesores, al decir aquello de "yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos" (Mateo 16,19), y es que para SIMEÓN, el nuevo teólogo, se produce una quiebra entre lo que se supone la Iglesia institución y la Iglesia carisma, no todos los que forman parte de la primera son dignos del Espíritu Santo, y muchos de los carismáticos, que viven de forma espiritual, pura y santa son admitidos en la jerarquía tradicional... pero será su discípulo, NICETAS STETHATOS el que terminará de hacer la crítica definitiva a la jerarquía oficial, unas palabras que, desgraciadamente, como repite insistentemente el propio Papa FRANCISCO, en sus palabras a los sacerdotes y obispos, siguen teniendo toda su fuerza profética en la actualidad:
"¿Puede haber alguien que sin la dignidad episcopal supere a los obispos en conocimiento divino y espiritual? En caso afirmativo, repito lo que acabo de decir: Aquellas personas a las que ha sido dado el poder de manifestar el Espíritu por medio de la palabra, son aquellos en los que brilla el destello de la dignidad episcopal.
 
Si alguien, en efecto, aunque no haya sido ordenado presbítero o epíscopo por los hombres, ha recibido esa gracia de lo alto, del Espíritu Santo, aunque sea laico, monje o diácono, tiene en sí la gracia de la dignidad apostólica (...)
 
Para mí que es obispo más digno todo aquel que, como consecuencia de su participación abundante en la vida del Espíritu Santo, ha sido ya purificado"
Evidentemente, estas afirmaciones han hecho que la doctrina de SIMEÓN, el nuevo teólogo, no haya tenido mucho predicamento en occidente, una iglesia fuertemente jerarquizada en lo institucional, tan poco abierta a manifestaciones carismáticas y al ejercicio de la "libertad del Espíritu" tan abundante en oriente, o en las iglesias reormadas, pero quedémonos con lo fundamental, la vida del cristiano es una constante tensión entre lo "sabido" -que somos hijos de Dios por el bautismo- y lo que deberíamos "vivir" -que somos animados en nuestra vida cristiana por el Espíritu Santo.
 
De esta manera la Iglesia podrá mostrarse al mundo con coherencia evangélica, como auténtica "esposa del Espíritu" pues como advertía también, de forma crítica, TERTULIANO: "La Iglesia es espiritual por la presencia de hombres espirituales, no por el número de sus obispos"...

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